miércoles, 9 de abril de 2008

EL NIÑO Y LA SOPA

Por Clara González Quintero

I. La sopa de letras

A un niño que se llamaba Javier no le gustaba la sopa de letras para comer.

Un día su madre se la puso y en vez de comerla estaba jugando con ella. Se divertía tanto, que cuanto más jugaba más se divertía, hasta que recordó que su madre le decía:

— Si te estás divirtiendo y crees que ha pasado poco tiempo es que ha pasado mucho tiempo.

Entonces, creyó que había pasado mucho, muchíiiiiiiiiiiiiísimo tiempo y comió tan de prisa que no le daba tiempo casi ni a respirar.

Desde entonces le gusta la sopa, y más la de letras.

Para cuando se aburriera, le compraron una sopa de letras de jugar. La madre de Javier no volvió a ver a javier aburrido o jugando con la comida.

II. Comunicarse con letras

Un día Javier se despertó muy callado y no decía nada. Cuando la madre lo vio le preguntó:

— ¿Qué te pasa, que estás tan callado?

Javier fue corriendo a por su sopa de letras de jugar y escribió la frase: «Me he quedado mudo».

La madre se rió y pensó «Menos mal que tiene una sopa de letras, mereció la pena que no le gustara la sopa de letras».